García Cuervo: un hombre de la casa

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García Cuervo: un hombre de la casa

Hace cerca de veinte años, una madre llamada Marianeli entró en una ferretería de la calle Magnus Blikstad de la que era clienta frecuente desde mucho tiempo atrás. Tras comprar lo que tenía que comprar y como solía ser habitual en aquellas visitas, el responsable del local le preguntó por su hijo, un joven de 17 años que había jugado anteriormente en las categorías inferiores del Sporting y que llevaba ya tres temporadas hinchándose a meter goles en La Braña. La madre le dijo entonces que el chaval había hablado con Enrique Casas, secretario técnico del Oviedo, y que había llegado a un acuerdo verbal para vestir de azul de cara al siguiente curso. El responsable del local ya conocía el asunto, pero aprovechó para intentar conocer las causas de su ‘fuga’: “¿Y cómo es que se va para allí?”, volvió a preguntar. Marianeli le contestó entonces que su hijo tenía miedo de regresar al Sporting y que lo volvieran a ceder otra vez. A los pocos días la historia dio un giro inesperado. El dueño de la ferretería, que además entrenaba al Sporting Atlético por aquella época, habló con el directivo del club que se encargaba de todo lo relacionado con la cantera y entre todos acordaron la vuelta del jugador a Mareo para enrolarse en el equipo filial. El famoso hijo de Marianeli era Luis Enrique; el dueño de la ferretería era –y es– nuestro protagonista de hoy: Carlos García Cuervo.

Su nombre es uno de esos nombres vinculados desde siempre al Sporting. Los más jóvenes le recordarán por sus etapas como entrenador del primer equipo, entre otros cargos; los más veteranos, por sus inicios defendiendo la portería de El Molinón. Nacido en Gijón en 1946, García Cuervo llegó al primer equipo rojiblanco en la temporada 65-66 procedente de las categorías inferiores del club, donde había apuntado excelentes maneras. Los que le vieron jugar dicen que era un buen portero, pero nunca lo tuvo fácil para disponer de minutos debido a la alta competencia. García, Solana y Castro le cerraron las puertas de la titularidad en la mayor parte de su trayectoria como jugador rojiblanco, y aun así el guardameta gijonés tuvo oportunidad de ser testigo de excepción de algunos acontecimientos muy importantes en la historia de la entidad, como el ascenso de categoría en la campaña 69-70. Su andadura como jugador rojiblanco terminó en 1972. Después, pasaría por varios equipos, como el Burgos o el Xerez, antes de colgar los guantes.

Una vez retirado, García Cuervo inició una nueva etapa fuera de los terrenos de juego y comenzó a combinar sus cargos en varios clubes con sus negocios. Dentro del Sporting, el ex jugador rojiblanco se encargó primero del banquillo del filial. Allí coincidió con una tremenda generación encabezada por Luis Enrique, Manjarín y Abelardo –cuya salida al Caudal había frenado el propio García Cuervo cuando ya estaba prácticamente cerrada– a los que él mismo daría la alternativa en Primera División poco después.

Desde entonces, hasta en tres ocasiones el ex jugador rojiblanco fue requerido para hacerse cargo del primer equipo, con suerte dispar en todas ellas. En la primera, en la temporada 89-90, García Cuervo se hizo cargo del equipo en la jornada 6, tras la destitución de Txutxi Aranguren. Su llegada al banquillo procedente del Sporting Atlético supuso un soplo de aire fresco para el equipo. El Sporting acabó el año en el puesto decimotercero, muy alejado que las plazas que daban acceso a la UEFA, pero con holgura suficiente sobre los equipos implicados en el descenso. Su buen papel le sirvió para renovar y continuar un año más al frente de la plantilla, pero en esta ocasión sería el propio García Cuervo el destituido. Una mala racha de cinco derrotas en ocho partidos al inicio de la temporada 90-91 dio con sus huesos fuera del club y propició la llegada de Ciriaco Cano.

Un par de años después, mediada la temporada 92-93, García Cuervo recibió el ofrecimiento para hacerse cargo del Avilés, tras la destitución del técnico Neme. Los responsables del club habían ideado un proyecto para devolver al equipo a la Segunda División y vieron en el ex entrenador rojiblanco al hombre perfecto para levantar la nave. Con García Cuervo, el Avilés comenzó a subir puestos en la clasificación y llegó a tontear con los puestos que daban acceso a la liguilla de ascenso, pero cuando faltaban unas semanas para la conclusión del campeonato, la directiva sportinguista le ofreció hacerse cargo del equipo en sustitución del recién cesado Bert Jacobs y García Cuervo aceptó. Su salida de la entidad avilesina levantó ciertas suspicacias, ya que el preparador gijonés había incluido en su contrato una cláusula por la cual podía quedar libre en cualquier momento en caso de recibir una oferta del Sporting. En círculos futbolísticos se comentó entonces que García Cuervo y los dirigentes rojiblancos ya habían acordado con anterioridad su futura llegada al banquillo del primer equipo, y que la destitución de Jacobs no había hecho más adelantarla. Con el nuevo técnico al frente de la nave, el Sporting consiguió enderezar el rumbo y al final logró la salvación. Una vez concluida la temporada, el técnico gijonés dejó su cargo libre para Mariano García Remón y pasó a la dirección deportiva del club, pero año y medio después, en la jornada 25 y con el equipo una vez más al borde del abismo, fue nuevamente llamado de urgencia para ponerse al frente de la plantilla. Por desgracia, su mano apenas se hizo notar y en el último partido liguero antes de la famosa promoción fue sustituido por Ricardo Rezza. En esta ocasión, la ruptura con la entidad fue definitiva y el ex entrenador rojiblanco se vio obligado también a abandonar su cargo de Director Deportivo.

Desde entonces, García Cuervo ha estado alejado de los focos del fútbol y lleva todo este tiempo dedicándose exclusivamente a su ferretería de la calle Magnus Blikstad, aunque de vez en cuando se deja ver por algún medio de comunicación comentando la actualidad sportinguista.

Fuentes: El Comercio, Liga de Fútbol Profesional

3 COMENTARIOS A ESTA ENTRADA

  1. saulsaul dijo:

    Sabia que fue portero, del sporting, aunque yo no lo vi jugar, lo que si recuerdo es de verlo sentado en el banquillo del sporting, en mas de una etapa y que siempre oc asi siempre, se hacia cargo de la plantilla,cuando despedian a algun otro entrenador,mediada ya la temporada.

    Lo que no sabia era que tenia una ferreteria, ni mucho menos que en su ferreteria, el y la madre de Luis enrrique, pararon su fichage por el oviedo y lograron ficharlo apra el sporting

  2. ManolínManolín dijo:

    El ascenso fue en la temporada 69-70, no en la 68-69.
    Muy bueno, como siempre, el artículo.
    Era muy buen portero bajo los palos y flojeaba en las salidas, puede que debido a su baja estatura para portero. Recuerdo un partido contra el Granada en su última temporada, 71-72, en el que nos jugábamos mucho, y él salió de titular por lesión de Castro. Con un 3-2 a nuestro favor en los últimos quince minutos y los andaluces echando balones arriba. Cada balón que volaba alrededor de nuestra portería implicaba una colección de amagos de infarto de miocárcio en las gradas. Aún me acuerdo del sufrimiento.

  3. nosoloSportingnosoloSporting dijo:

    Genial artículo! (como siempre…)
    Yo no lo ví jugar por edad, pero si recuerdo que a partir de finales de los ochenta fue uno de esos nombres que estaban unidos al equipo con la etiqueta de “de la casa”.
    La anéctdota de la ferretería con la madre de Luis Enrique buenísima… al estilo contrato de Messi en “servilleta de papel”.

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