A mediados de los noventa, nuestro protagonista de hoy se convirtió inesperadamente en uno de los futbolistas de moda en la Liga española. Hasta entonces su carrera deportiva no se diferenciaba mucho de la de otros currelas del fútbol que hacían su trabajo alejados de los focos de la prensa y la popularidad, pero sus geniales registros con un equipo que acababa de irrumpir en el primer plano del panorama futbolístico español y que maravillaba a propios y extraños con su juego le pusieron en boca de todos. Hablamos, cómo no, del inolvidable SuperDepor y de su portero, Paco Liaño, quien años después de todo aquello defendería brevemente la portería sportinguista antes de que una lesión le obligara a colgar los guantes definitivamente.
Liaño había dado sus primeros pasos en esto del fútbol muchos años atrás. Jugaba en el equipo de su pueblo, cuando en edad juvenil el Racing de Santander se fijó en él y lo enroló en sus filas. Poco a poco el guardameta cántabro fue subiendo peldaños hasta que en 1984 se plantó en el primer equipo, donde permaneció durante seis años. En ese tiempo, Liaño estuvo siempre a la sombra de otros porteros y apenas tuvo ocasiones de jugar, aunque le sirvió al menos para debutar en Primera División. Su siguiente destino sería en la campaña 90-91 el Sestao, de Segunda División. Allí, el ex portero rojiblanco tuvo la continuidad que hasta entonces se le había negado y cuajó un excelente año, que le valió incluso el primer Trofeo Zamora al portero menos goleado de los tres que conseguiría a lo largo de su carrera. Poco a poco su nombre comenzaba a leerse más a menudo en los periódicos, pero para sorpresa de todos, cuando terminó aquella temporada, Liaño decidió retirarse del fútbol y dedicarse a otras cosas. Tenía apenas 26 años. Su decisión era firme e inamovible, hasta que dos días después de su adiós, el presidente de un equipo recién ascendido a Primera se fue a por él para presentarle una oferta. Era Augusto César Lendoiro, quien cumplía entonces su tercer año al frente del Deportivo de La Coruña. Canales, portero titular del cuadro gallego, acababa de caer lesionado y Lendoiro necesitaba cubrir su baja urgentemente. Liaño, como no podía ser de otra forma, aceptó. Por lo que se vio después, fue la decisión más acertada de su carrera.
En su primera temporada en La Coruña se alternó en la titularidad con Yosu y Canales; en la siguiente se perdió tan sólo un partido en todo el campeonato y acabó logrando su segundo Zamora, con 31 goles encajados en 37 partidos. Eran los albores del SuperDepor, pero lo mejor aún estaba por llegar. Un año después, en la temporada 93-94, Liaño despachó la que sin duda fue la mejor campaña a título individual de toda su carrera deportiva. Ese año, el guardameta cántabro disputó todos los minutos del campeonato liguero, no recibió ni una sola tarjeta liguera y logró un nuevo Zamora, con el mejor promedio de goles que ha tenido hasta la fecha un portero en toda la historia del galardón: 18 goles en 38 partidos. El único borrón de aquella inolvidable campaña –y sin duda lo más importante– llegó en el último suspiro del último minuto del último partido, cuando como todo el mundo recordará, Djukic falló un penalti que habría dado al Deportivo su primer título de Liga. Un año más tarde, tanto Liaño como el resto de sus compañeros pudieron sacarse en parte esa espina al ganar la Copa del Rey en la final frente al Valencia que tuvo que ser suspendida por una impresionante tromba de agua que cayó sobre el césped del Santiago Bernabéu a falta de unos minutos para la conclusión del partido.
Liaño aguantó otra temporada más en el Deportivo, en la que siguió siendo dueño y señor de su portería, pero al terminar el campeonato, ciertas desavenencias con Lendoiro –que comenzaba entonces su política de fichar jugadores extranjeros a diestro y siniestro– terminaron dando con sus huesos en Gijón, adonde llegó para disputarle la titularidad a Ablanedo. Parecía que por primera en muchos años el Gatu podría ver en peligro su puesto, aunque a la hora de la verdad pasó lo de siempre y el eterno capitán se convirtió en indiscutible una vez más. Liaño sólo tuvo ocasión entonces de disputar dos partidos de Liga, al margen de los de Copa del Rey: uno completo frente al Valencia por lesión de Ablanedo; otro, durante la segunda parte del Zaragoza – Sporting en La Romareda, en el que el equipo rojiblanco iba perdiendo 3-0 al descanso. Según se dijo entonces, cuando el árbitró señaló el final de los aquellos 45 minutos, Floro se acercó a Ablanedo en el túnel de vestuarios y le espetó: “Te has comido los tres goles. Decidle a Liaño que caliente”. Al final, el partido terminó con un vergonzoso 5-0 en el marcador. Quizás para encontrar al culpable de aquella hecatombe habría que haber mirado hacia el banquillo más que hacia la portería.
La siguiente temporada resultó aún peor que la anterior. Liaño venía arrastrando molestias en la espalda desde tiempo atrás y antes de que comenzara la Liga los dolores se acrecentaron. Después de unas semanas de ausencia, el club decidió darle la baja federativa y cubrir su hueco con el argentino Trotta, de quien ya hablamos aquí anteriormente. Tras varios meses en la enfermería de Mareo, los médicos le diagnosticaron una polidiscopatía cervical que le obligó a despedirse de los terrenos de juego. A partir de ahí comenzaron para él momentos difíciles en busca de la recuperación, pero que también tuvieron su lado positivo. En ese periodo, Liaño conoció en la consulta del fisioterapeuta del Deportivo a Esperanza, una joven estudiante que se encontraba entonces realizando prácticas de fisioterapia y que posteriormente se convertiría en su esposa. Al margen de esta pequeña anécdota, el ex jugador rojiblanco ha llevado desde entonces una vida bastante tranquila. Tras unos años de espera, Liaño consiguió una pensión por invalidez y vive en la actualidad con su pareja en Santander, donde ejerce como entrenador en la escuela de porteros de Goyo Zamoruca, además de colaborar de forma esporádica como comentarista con varios medios de comunicación.
Fuentes: Liga de Fútbol Profesional, La Voz de Galicia





8 de septiembre de 2008 a las 2:30 pm
Solo 2 palabras: GRAN PORTERO
Y como postilla, para variar nuestro esporting es un hacha en traer buenos jugadores en el ocaso de su carrera, con sus consiguientes sorpresas algunas veces buenes (salinas, entre otros) y otras no tanto.
xaoooooo y asta el siguiente capitulo….
10 de septiembre de 2008 a las 7:47 pm
que pasa vitor! ta muy bien la pagina, esta entretenida, taba leyendo lo de liaño,mas que con lupa…. con mirilla de francotirador Xdd! y aprovecho para firmarte que nunca te habia firmado ni nada