Cuando tenía unos siete años, mi padre me trajo de Mareo una fotografía firmada por el Gatu. “Con afecto y un abrazo, de tu amigo Ablanedo”, decía aquella dedicatoria escrita de su puño y letra. Yo, que por entonces me pasaba horas y horas con los guantes de portero puestos y pegado a una pelota, fui corriendo a pedirle a mi madre un marco con el que proteger mi flamante tesoro, le hice un hueco en la mesita de mi habitación y lo coloqué bien cerca de mi cama, no fuera a ser que algún ladrón se colara por la ventana por la noche e intentara robármelo.
Por entonces, decir Juan Carlos Ablanedo era para mí decir palabras mayores. Hacía poco tiempo que había descubierto lo que era eso del fútbol y del Sporting, pero aquel tipo del que todo el mundo hablaba tan bien me había enganchado por completo. Muy pronto comencé a guardar en una carpeta todo lo que me encontraba que tuviera relación con él, pensando que algún día mi particular museo me podría ser de utilidad: cromos, fotos, posters, recortes de periódicos y de revistas… cualquier cosa me servía. Daba igual que las hojas del periódico estuvieran llenas de manchas de colacao, o que fueran entrevistas en las que hablaba de cosas que no sabía lo que significaban; lo importante era que en aquella colección de papeles salía Ablanedo, que jugaba en el Sporting, que paraba muy bien y que tenía una dedicatoria suya.
Mi obsesión por mi recién estrenado ídolo fue poco a poco creciendo y terminó llegando al colegio, donde me especialicé en introducir su nombre en materias que nada tenían que ver con el balón: presenté dibujos suyos en la hora de plástica, aprendí a hacer medias aritméticas a partir de sus estadísticas e hice análisis sintácticos de frases en las que “Ablanedo” era el sujeto, y “paró un penalti al Oviedo”, parte del predicado. Cierta vez, la profesora preguntó en clase de lengua si alguien sabía lo que era una biografía. “Ésta me la sé”, pensé, justo antes de levantar la mano. La profe, ante aquel alarde de decisión, me concedió sorprendida la palabra. Entonces empezó mi monólogo: “Una biografía es por ejemplo, «Juan Carlos Ablanedo Iglesias nació el 2 de septiembre de 1963 en Mieres y es un futbolista del Real Sporting de Gijón, club en el que ha desarrollado toda su carrera y con el que ha logrado grandes logros deportivos…»”. Mi supuesta definición de biografía siguió y siguió, sin puntos ni comas, hasta que cuando estaba a punto de soltar el rollo ése de que había sido internacional en cuatro ocasiones, ganado tres trofeos Zamora y estado presente nada menos que en dos Mundiales, la profe me cortó: “Muy bien, muy bien, pero podías haber puesto un ejemplo mejor, ¿no?”. Yo asentí con la cabeza mientras pensaba en alguien mejor que Ablanedo, pero por más que lo intentaba no se me ocurría nadie.
También a la hora del recreo Ablanedo estaba presente en mi mente, aunque no siempre. Cuando sonaba la sirena, salía corriendo al patio con los niños de mi clase para jugar a fútbol; obviamente, de portero. Algunos se pedían ser Butragueño, Stoichkov o Laudrup; yo, pequeño traidor, elegía jugador dependiendo de cómo acabara la jugada: si hacía una buena parada, me pedía Ablanedo; si me marcaban gol, me pedía Rodri. Un día me metieron uno por debajo de las piernas, y el defensa de mi equipo se enfadó. “Eso lo para cualquiera”, me dijo. Desde el suelo y totalmente sonrojado, sólo acerté a responderle: “No pude hacer nada, es que en esa jugada era Rodri”. El chaval se quedó en blanco y pegó media vuelta. Supongo que mi excusa era demasiado poderosa como para rebatirla.
Y así fueron pasando los años. Ablanedo siguió sumando a su palmarés decenas y decenas de partidos con la camiseta del Sporting, y montones de reconocimientos, y un triste descenso. Yo seguí sumando al mío decenas y decenas de partidos de recreo siendo Ablanedo, y ningún reconocimiento, y algún que otro triste suspenso. Hasta que en 1999, después de más de quince temporadas defendiendo los colores del Sporting, don Juan Carlos se retiró y dejó huérfana a la portería de El Molinón. Desde entonces para mí nada es igual, o tal vez todo. Y es que muchas veces, cuando paso por la calle Instituto y le veo trabajar en su inmobiliaria, me entran ganas de coger un bolígrafo, plantarme dentro y pedirle que me firme una foto para ponerla en la mesita de mi habitación. Como cuando tenía siete años, como cuando estábamos en Primera, como cuando no tenía miedo porque teníamos a Ablanedo.





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4 de abril de 2008 a las 4:04 pm
Esa adoración la seguimos sintiendo muchos. Gracias por tu web.
4 de abril de 2008 a las 4:51 pm
El más grande y no por su estatura. Lo que consiguió y con que equipo lo logró es de un gran meríto. Lastima que no se le homenajeó como se merecía. Gatu, Gatu
4 de abril de 2008 a las 6:40 pm
Ablanedo, fuiste uno de los mas grandes en la historia del Sporting y del fútbol español.
5 de abril de 2008 a las 1:39 pm
No se fue como se merecía, qué porterazo al que sólo le perjudicó lo de la cesión (su punto débil era el juego con los pies) y conocía su situación actual.Saludos
10 de mayo de 2008 a las 7:21 am
DESDE CAZORLA EN JAEN , UN ABRAZO DE UN SPORTINGUISTA QUE AL IGUAL QUE TU , TUVO Y SIGUE TENIENDO DEVOCION POR EL GATU.
E MAS ESTE BLOG LO HE VISTO PORQUE ME HE METIDO EN GOOGLE Y COMO EN TANTAS OTRAS OCASIONES HE PUESTO LA PLABRA ABLANEDO
PARA OBTENER INFORMACION DEL QUE FUE Y MI IDOLO Y ADMIRE Y ADMIRO.QUE PENA LA GRAN CANTIDAD DE LESIONES QUE PADECIO
Y LA MALA SUERT QUE TUVO.NUNCA SE LE RECONOCIO DESPUES DE SU MARCHA COMO ERA DEBIDO , EN PARTE A SU GRAN HUMILDAD Y NOBLEZA.
Y POR CIERTO ,CUANDO VAYA POR GIJON , QUE HACE 11 AÑOS QUE NO SUBO A MI TIERRA ,ME PASARE POR LA INMOBILIARIA Y SI ME ATREVO ME HARE UNA FOTO CON EL.Y TODO ESTO LO DICE UN TIO DE 30 TACOS.UN ABRAZO A TODOS.GRANDE JUAN CARLOS.
2 de junio de 2008 a las 10:02 pm
hola.lo primero enhorabuena por el blog,es buenisimo.que portero ablanedo.3 zamoras,aqunque castro d.e.p. tambien era impresionante.me llama la atencion,ablanedo que no se le hiciera nunca homenaje alguno.un saludo
19 de junio de 2008 a las 11:08 pm
Lo último de entrar en la inmobiliaria tambien lo pienso yo a veces. Que grande ye el gatu.
10 de julio de 2008 a las 2:09 pm
El gatu es muy grande. En la selección le perjudicó aquella fijación por Zubizarreta de algunos seleccionadores. Si no, yo creo que hubiese sido muchas veces internacional.
Recuerdo aquella final sub-21 contra Italia en la que paró dos penaltys y le dio el título a España.
18 de julio de 2008 a las 4:11 pm
Que tiempos aquellos los de:
NO TENEMOS MIEDO…….TENEMOS A ABLANEDO………
26 de agosto de 2008 a las 1:29 pm
era un porterazu, y nun pudieron con el ni claudio, ni juanjo ni nadie, solo lo apartaron cuando el desatre y sacaron a lekovic