Parecía una inocentada cruel, pero no lo era. El 28 de diciembre de 1994 los aficionados del Sporting se llevaban las manos a la cabeza al escuchar una noticia surrealista: a Yekini, el delantero nigeriano que unos meses antes había dado toda una lección de fútbol en el Mundial de Estados Unidos y que estaba a punto de fichar por el club, se le había detectado nada más aterrizar en Gijón una gravísima lesión en la rodilla izquierda que ni él mismo sabía que tenía y que le mantendría apartado de los terrenos de juego durante, al menos, medio año, por lo que su incorporación quedaba desestimada. “It´s life (así es la vida)” fueron las únicas palabras que acertó a pronunciar el futbolista al día siguiente en la rueda de prensa convocada por el club para explicar la rocambolesca situación.
De Nigeria al cielo
Rashidi Yekini (Kaduna – Nigeria -, 1963) había dado sus primeros pasos en el fútbol casi dos décadas antes. Desde niño, el jugador nigeriano se pasaba los días pateando el balón con sus amigos en las calles de su ciudad natal, al mismo tiempo que iba a la escuela y ayudaba a su padre en el local de cristalería que éste tenía en la ciudad. Así transcurrió su infancia hasta que, cuando tenía apenas catorce años, su progenitor falleció. Aquello supuso un duro golpe para él. “Mi padre era mi modelo a seguir. Siempre estuvo dedicado a Dios y nunca lo vi pelearse con nadie. A pesar de perderlo tan pronto, pude absorber sus modos de vivir. Siempre lamenté que no estuviera a mi lado cuando llegué a ser internacional”, declaró hace un par de años en una entrevista publicada en la prensa nigeriana. Ante su nueva situación familiar, Yekini se puso a trabajar como mecánico de coches, actividad que compaginaba con sus entrenamientos y partidos del UNTL FC, un modesto equipo del norte de la ciudad en el que había ingresado meses atrás. Con veinte años, sus buenas actuaciones llegaron a oídos de los responsables del Shooting Stars, uno de los clubes más fuertes del país, y le ofrecieron un contrato. Yekini no lo dudó: tenía ante sí la oportunidad de ganarse el pan haciendo lo que más le gustaba. Hizo la maleta, se despidió de su familia y se plantó en Ibadán, la ciudad en la que jugaba el equipo. Allí, el ex delantero rojiblanco se convirtió en una de las revelaciones de la liga nigeriana. Era el año 1984. Unos meses después, Yekini haría su debut con la selección nigeriana.
Su estreno con las ‘Águilas Verdes’ supuso un cambio sustancial en su vida. El delantero comenzó entonces a saborear las mieles de la fama: los hombres le aplaudían, los niños le admiraban, las mujeres le deseaban… El mundo se abrió ante sus ojos; pues Yekini, criado en un entorno musulmán y creyente, había evitado hasta aquel momento cualquier tipo de acto ‘prohibido’: “En Kaduna tocar a una mujer estaba considerado pecado a no ser que estuvieras casado con ella. Yo crecí evitándolas hasta que, cuando entré en el equipo nacional, los jugadores más veteranos me presentaron a algunas. Me dieron clases de cómo cortejarlas y entonces perdí mi miedo al sexo”. Dicen las malas lenguas que desde entonces no paró, y que Yekini se convirtió en un goleador también fuera de los terrenos de juego.
Ídolo en Portugal
Pero al margen de su explosión amatoria, su carrera futbolística seguía su curso y tras dos años en el Shooting Stars, Yekini fichó por el Abiola Babes, también de la liga nigeriana, para más tarde incorporarse al África Sports, uno de los equipos más potentes del continente y del que daría el paso al fútbol europeo con 26 años. Su primera escala en el viejo continente sería el Vitoria de Setúbal portugués, donde durante cuatro temporadas se convirtió en el gran ídolo de la afición. No era para menos. Noventa goles en 108 partidos, el premio al mejor jugador africano de 1993 y el trofeo al máximo goleador de la liga 94-94 fueron su espectacular palmarés en aquella época. En junio de 1994, con 30 años, el delantero nigeriano decidió no renovar su compromiso con el club y obtener la carta de libertad en busca de lo que podía ser su último gran contrato.
Mientras encontraba equipo, Yekini disputó con su selección el Mundial´94. Allí, el veterano futbolista escribió su nombre con letras de oro al anotar frente a Bulgaria el primer gol de su selección en un mundial. Nigeria cayó en octavos de final frente a Italia, pero aquella generación encabezada por Amokachi, Okocha y compañía dejó un gran sabor de boca. En agosto del 94, al concluir la cita americana, varios clubes, entre ellos el Sporting, llamaron a su puerta, pero fue el Olympiakos quien más dólares le puso encima de la mesa, por lo que Yekini se decantó por la oferta griega. Sin embargo, nada más llegar a Atenas el delantero africano se encontró con un clima racista que no pudo soportar y apenas un par de meses después decidió abandonar el equipo. Mientras esperaba resolver la situación, Yekini regresó a Portugal para entrenarse con el Vitoria Setúbal.
En vista de los acontecimientos, el Sporting se lanzó en el mes de noviembre nuevamente a por él. Fue una negociación complicada: por un lado estaba el Olympiakos, que no quería dejarle escapar sin recibir una compensación económica; por otro estaba Yekini, quien reclamaba al conjunto griego la liberación inmediata de su compromiso, y por último el Vitoria de Setubal, que exigía al Olympiakos una cantidad por los derechos del futbolista. Al mismo tiempo, y al hacerse pública la negociación, un minoritario sector de la afición rojiblanca mostró su desacuerdo con el posible fichaje realizando en la fachada de El Molinón pintadas racistas con lemas como ‘Rojiblancos, no negros’ o ‘Yekini, go home’. Por suerte, desde el club hicieron oídos sordos a sus autores y el 23 de diciembre, tras varias semanas de tira y afloja entre las partes, Herminio Menéndez viajó a Portugal y se trajo a Gijón un acuerdo firmado por el delantero que se unía al que había alcanzado unos días antes con su club de origen. El Olympiakos cobraría 25 millones de pesetas por su traspaso y Yekini firmaría un contrato por dos años con una ficha anual que rondaba los 30 millones.
Decepción en Gijón
Pero llegó el Día de los Santos Inocentes y todo se torció. Yekini aterrizó en Asturias a mediodía, bajo una considerable expectación: el que estaba llamado a ser el salvador de aquel Sporting agonizante por fin llegaba a casa. Inmediatamente después, el futbolista fue sometido al pertinente examen médico y las cosas se empezaron a complicar. Los doctores detectaron rápidamente en la resonancia una anomalía en su rodilla izquierda y a última hora de la tarde se hacía pública la noticia: Yekini tenía roto el ligamento cruzado anterior, lo que precisaba intervención quirúrgica y un periodo de recuperación cercano al año. Según se comentó, ni el propio jugador sabía que estaba lesionado; simplemente recordaba unas molestias que sintió en un amistoso con su selección frente a Inglaterra en Wembley, pero a las que no le había dado mayor importancia. Muchos sportinguistas se acostaron aquel día con la esperanza de que todo fuera una broma a destiempo, pero al levantarse la mañana siguiente descubrieron que era verdad. Titulares del tipo ‘El Sporting descarta a Yekini por lesión’ abrían las portadas de los periódicos asturianos aquel 29 de diciembre de 1994.
A pesar de anunciar que el acuerdo quedaba cancelado y su fichaje descartado, el club, en un gran gesto de elegancia, dejó a disposición del jugador sus servicios médicos. Yekini no lo dudó y se puso en manos de José Antonio de la Fuente, el traumatólogo del Sporting, para que le operara. Unas semanas después, el delantero nigeriano estaba en el quirófano de una clínica ovetense. Yekini hizo gala en esos difíciles momentos de un gran sentido del humor, bromeando con los médicos y personal que pasaban por su habitación e incluso tirándole los tejos a las enfermeras que le atendían. Tras comprobar que la intervención había sido un éxito, los responsables del conjunto rojiblanco le prometieron que le harían un contrato si superaba sin secuelas la lesión y Yekini, que no veía muy claro su futuro, decidió quedarse en Gijón ante la oportunidad que se le planteaba al mismo tiempo que demandaba a los dirigentes del Olympiakos por dejarle tirado.
En ese momento, el veterano delantero comenzó su carrera hacia la recuperación; una carrera que se prolongó durante casi un año y que estuvo llena de momentos difíciles. Durante sus primeros meses, Yekini se pasaba las mañanas en Mareo sometido a un estricto plan de rehabilitación junto a José Antonio de la Fuente y el fisioterapeuta José Manuel Loza; por las tardes, cuando abandonaba las instalaciones sportinguistas, el futbolista nigeriano regresaba al hotel y consumía las horas tumbado en la cama, solo y deprimido, o salía a pasear por el Parque de Isabel la Católica. Su relación entonces con la plantilla era prácticamente inexistente y apenas Marcos Vales y Saric, habituales también de la enfermería rojiblanca, habían intimado con él.
Diez meses después de plantarse en Gijón, los médicos dieron el aprobado a su recuperación y Yekini firmó su contrato como jugador del Sporting. A finales de octubre, el futbolista africano pudo debutar por fin con la camiseta rojiblanca en un partido de Copa del Rey en Ferrol. El aparecer por primera vez en una convocatoria significó para él una nueva relación con sus compañeros. Ese día, al abandonar los vestuarios de Mareo para dirigirse a casa, Yekini se encontró su coche empapelado con papel higiénico. Era la forma que tenían los Hugo Pérez, Giner y compañía de darle la bienvenida. A lo largo de aquella temporada 95-06, el delantero nigeriano fue poco a poco entrando en el equipo, aunque la llegada de Novoa al banquillo le relegó a un segundo plano. En total, Yekini disputó diez partidos de Liga y anotó tres goles.
Todos esperaban que con el fichaje de Benito Floro como entrenador cambiara radicalmente su situación. Según se decía, la brillante actuación de Yekini en el partido frente al Albacete de la temporada anterior había dejado anonadado al técnico gijonés, que por entonces dirigía al conjunto manchego. “Este futbolista es impresionante”, había comentado a sus allegados. Nada más llegar al Sporting, Floro frenó en seco las insinuaciones de la directiva sobre un posible traspaso del jugador. Sin embargo, pese a haber realizado una notable pretemporada, el nuevo entrenador apenas contó con él en el inicio de la competición y en diciembre, harto de no entrar en las alineaciones, Yekini abandonó el Sporting sin ni siquiera despedirse.
Un auténtico trotamundos
El veterano futbolista decidió entonces regresar al Vitoria Setúbal, quizá con la esperanza el protagonismo que había perdido en los últimos años. Desgraciadamente para él, su segunda etapa en el equipo luso resultó tan decepcionante como su paso por Gijón, y al terminar la temporada volvió a irse del club. Su siguiente destino sería el FC Zürich, de la liga suiza, donde realizó una excelente campaña. Sus catorce goles en 28 partidos parecían presagiar que el viejo Yekini había vuelto y el seleccionador de Nigeria, Bora Milutinovic, no dudó en incluirle en la lista de convocados para el Mundial´98.
Tras la cita francesa, donde fue uno de los verdugos de aquella selección española que no fue capaz de pasar la fase de grupos, Yekini dio por concluida su etapa en el fútbol europeo y regresó a África para incorporarse al Bizerte tunecino. Pocos meses después, el delantero nigeriano recibió una suculenta oferta por parte del Al-Shabab árabe y cambió una vez más de aires. A finales de 1999, Yekini regresó a sus orígenes y se enroló nuevamente en el África Sports, equipo en el que una década antes le había permitido dar el salto al fútbol europeo donde militaría durante otras tres temporadas. Con 39 años todo hacía pensar que su retirada estaba al caer, pero nada más lejos de la realidad. El ex delantero rojiblanco siguió tres años más en activo. Durante ese periodo, Yekini jugó nuevamente en el Al-Shabab árabe, además del Julius Berger y el Gateway FC, ambos de la liga nigeriana. Su regreso a la competición de su país fue muy celebrado, ya que supuso una dosis de publicidad considerable para un torneo que no pasaba por su mejor momento. Los patrocinadores volvieron a poner dinero tras varios años de austeridad y la afluencia a los estadios en los que jugaba Yekini pasó de una media de 500 espectadores a cerca de 2000.
En 2005, y con 43 años, el futbolista africano seguía con ganas de fútbol; tantas, que incluso le surgió la posilibidad de fichar por el DC United de la liga estadounidense junto a su compatriota Mobi Oparaku. Finalmente, cuando ya había obtenido todos los permisos necesarios y se encontraba en el país, la operación fue cancelada, por lo que Yekini decidió colgar definitivamente las botas y quedarse junto a su familia en California durante unos meses. Después, el ex jugador sportinguista dio por concluida su aventura americana y regresó a Ibadan, en Nigeria, donde el dinero que ganó a lo largo de su carrera le sirve para llevar una vida tranquila. Desde entonces, pasa los días escuchando hip-hop, viendo películas de gánsteres y del Oeste, visitando a su madre o jugando a fútbol junto a otras viejas glorias que residen en la ciudad. Mientras tanto, y según sus propias palabras, el bueno de Yekini espera la llegada de ‘Miss Right’, una mujer que llene su corazón, vacío desde hace unos años tras haberse divorciado. Los que le conocen dicen que tarde o temprano aparecerá, que práctica no le falta y que no se ha olvidado de meter goles. Será que con aquellos apuntes que le dieron sus compañeros de selección hace casi 25 años todo es más fácil.
Fuentes: El País, El Mundo, Thisday Online, Weltfussball.de, The Tide Online, Cybereagles.com





23 de febrero de 2008 a las 9:38 am
Otra interesantísima historia. Tu web me tiene enganchado jejejeje. Deberías proponer una colaboración a los periódicos asturianos con esta sección. Saludos
20 de noviembre de 2008 a las 9:56 am
Muy completa la historia de Yekini. Me estáis enganchando.
26 de octubre de 2009 a las 10:48 pm
de las mejores biografias q tienes hechas crack!